miércoles, 7 de enero de 2015

¿Cómo debe ser la alimentación de un deportista?

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¿Cómo debe ser la alimentación de un deportista?

Alimentación para deportistas

La dieta ha de ser equilibrada y ajustada a las necesidades de cada deportista, al tipo y duración del ejercicio, al momento (entrenamiento o competición) y a las condiciones en las que se realiza.

¿Cómo cubrir las necesidades nutritivas?

Hidratos de carbono. Son los que mayor presencia deben tener en la dieta del deportista. Nuestro cuerpo los acumula en forma de glucógeno en el músculo y en el hígado. Las reservas son limitadas; se agotan hora y media o dos horas después de comenzar el ejercicio intenso, de ahí que la dieta deba aportar cantidad suficiente de carbohidratos para restituir las pérdidas y evitar la fatiga temprana.

Son fuente de carbohidratos: cereales (pan, arroz, pastas, cereales de desayuno, galletas, etc.), legumbres, patatas, frutas, lácteos azucarados, bebidas para deportistas y dulces.

En ocasiones se recurre a medidas que incrementan las reservas de glucógeno, conocidas como "sobre compensación" o "sobrecarga de carbohidratos". Para conseguirlo, inicialmente se instaura una dieta pobre en carbohidratos junto con un entrenamiento fuerte, lo que reduce al mínimo las reservas de glucógeno. 

A continuación y durante tres días, se aplica una dieta de alto contenido de carbohidratos con un entrenamiento ligero y por último, se aconseja una ingesta elevada de carbohidratos en el día de la competición.

Grasas. Conforme se van agotando las reservas de glucógeno, el organismo las emplea como principal combustible energético en pruebas deportivas de larga duración. 

Las cantidades que debe aportar la dieta de estos nutrientes, en periodo de entrenamiento, son las que se recomiendan a la población general, con un predominio de las grasas insaturadas (aceites, frutos secos o pescado azul) sobre las grasas saturadas (lácteos completos, nata, mantequilla, carnes grasas y derivados, vísceras y repostería industrial).

Proteínas. Las necesidades proteicas de los deportistas son ligeramente superiores a las de las personas sedentarias, debido a un mayor desgaste, a una mayor masa muscular y a la utilización de parte de la mismas como combustible energético. 

Los alimentos proteicos que se incluyen en la alimentación diaria son suficientes para cubrir estas necesidades sin necesidad de recurrir a suplementos que acarrean problemas de salud (desmineralización, sobrecarga renal…).

Vitaminas y minerales. Si la dieta es equilibrada, variada y adecuada, incluye cantidad suficiente de vitaminas y minerales. Sólo se pautarán suplementos en casos específicos y de mano de un profesional.

La hidratación. Con la práctica de ejercicio físico aumenta la sudoración para equilibrar la temperatura corporal y se pierden agua y electrolitos. 

Si el organismo está hidratado, el rendimiento, la velocidad y la resistencia física no se verán afectados, ni habrá riesgo de hipertermia (temperatura corporal mayor de 39º centígrados). 

Las necesidades de líquidos dependen de la duración e intensidad del ejercicio y de las condiciones climáticas (temperatura y humedad). Lo adecuado es aportar bebidas a una temperatura de entre 9-15ºC, beber líquidos (bebidas isotónicas o agua de mineralización débil) media hora antes, durante y al acabar el ejercicio.

Tipos de dietas

Entrenamiento

Resulta fundamental respetar cada día el número de comidas, su composición y los horarios. 

Se recomienda distribuir la alimentación en cinco tomas: desayuno, comida y cena y un almuerzo o merienda al menos una hora antes del entrenamiento.

 La comida fuerte previa al entrenamiento deberá realizarse al menos 3 horas antes del mismo. La dieta diaria puede incluir: 250 gramos de pan integral, un litro de lácteos bajos en grasa, 130 gramos de carne ó 150 gramos pescado ó 2 huevos, 350 gramos de fruta fresca y 250 mililitros en zumo y 50 gramos de fruta seca, 200 gramos de pasta o arroz (cocido) ó 200 gramos de patata, aceite de oliva y otras grasas como la margarina o mantequilla, 30 gramos de miel o azúcar y 40 gramos de frutos secos.

Competición

La dieta de competición abarca los tres días previos y el día de la competición. Los días previos el deportista tiene mayor motilidad gastrointestinal debido al estrés que le supone competir, lo que se asocia a diarrea. Conviene que durante esos días la comida sea rica en carbohidratos y pobre en grasas y fibra, para mejorar su tolerancia, reducir la diarrea y la mala absorción de nutrientes. La comida deberá realizarse 3 horas antes de la prueba para asegurar un adecuado vaciado gástrico, optimizar las reservas de glucógeno y conseguir unos niveles de glucosa en sangre normalizados. Recomendaciones generales:

Incluir una buena ración de arroz o pasta y evitar la legumbre y las ensaladas en la comida previa a la prueba. 

Disminuir el aporte proteico para facilitar la digestión. Preferir el pescado blanco a la carne y acompañarlo de patatas al vapor o al horno. 

Sustituir el pan integral por pan blanco. 

Incluir como postre yogur natural, tomar zumos en lugar de fruta fresca. 

Asegurar un adecuado aporte de líquidos. 

Una hora antes de la competición, conviene ingerir bebidas isotónicas, pan o galletas. 

Durante la competición, sólo se debe aportar alimentos en los deportes de larga duración (carreras, ciclismo, etc.).

Dieta de recuperación

Destinada a recuperar las reservas de glucógeno. 

Se han de tomar alimentos y líquidos en los 15 primeros minutos tras la prueba, momento en el que el organismo asimila con mayor rapidez los nutrientes ingeridos, sobre todo los carbohidratos. Dicha toma debe aportar entre 0,7 gramos y un gramo de carbohidratos por kilo de peso. Por ejemplo: 500 mililitros de bebida isotónica, 2 barritas energéticas de 35 gramos y un plátano o 300 mililitros de zumo de naranja, 300 gramos de compota de fruta y 40 gramos de galletas. Después, cada 2 horas, se aconseja tomar unos 50 gramos de carbohidratos (125 mililitros de zumo, 30 gramos de galletas y una fruta).

En ocasiones será preciso recurrir, bajo el control de un especialista, a suplementos de aminoácidos y antioxidantes -que aceleran la recuperación muscular- especialmente si se practican deportes de mucho desgaste (maratón, triatlón, ciclismo, etc.).

Coste energético

Deportes de fuerza (levantadores de pesas, lanzadores en atletismo, etc).

Un circuito de fuerza y resistencia de 2 horas tiene un coste energético de cerca de 1.000 calorías.

Deportes de resistencia (maratón, ciclismo, triatlón…). 

Se requiere de un gran volumen de entrenamiento semanal. 

En una maratón se puede llegar a consumir 2.800 calorías, en una etapa ciclista de 5 horas unas 4.800 y en una marcha montañera de 6 horas, en torno a 2.100 calorías.


Deportes de equipo (fútbol, baloncesto…)

En un partido de fútbol se pueden llegar a consumir hasta 1.800 calorías, ya que exige resistencia y velocidad.





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lunes, 15 de diciembre de 2014

Qué alimentos nos generan más hambre

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Qué alimentos nos generan más hambre

8 alimentos que nos generan más hambre

Algunos ingredientes y comidas nos dan más deseos de seguir comiendo que otros, como por ejemplo en el caso de los carbohidratos y las grasas. Aquí enumeramos ocho alimentos que siempre te dejan con ganas de más.

El hambre es la sensación de necesitar ingerir algún alimento.

Los alimentos son combustible, pero no todo lo que comemos tiene el mismo efecto en nuestro cuerpo. El efecto saciante de un alimento es una compleja interacción de factores mecánicos y hormonales.

Conocer cómo se comunica el intestino para alertar a su cerebro que usted tiene hambre de nuevo en respuesta a su última comida sigue siendo relativamente muy nuevo en las investigaciones médicas.

1- Pan blanco

La harina de trigo refinada no dispone de fibra, que permite un efecto saciante y dispara los niveles de insulina.

Los carbohidratos refinados (harina blanca, azúcares refinados, arroz blanco) pueden desencadenar antojos, no muy diferentes a los que experimenta un adicto con las drogas, según informo un estudio del 2013 en el American Journal of Clinical Nutrition. Mucho de esto se debe al jarabe de maíz de alta fructosa (otro de los ingredientes que dan hambre) que los compone.

Los investigadores especulan que esto no sólo puede activar el hambre, sino también los centros de recompensa y adicción en el cerebro, provocando que queramos más y más alimentos procesados.

2- Comida rápida

El azúcar, las grasas saturadas o trans (carne de vaca, aves, cerdo, leche entera, queso, manteca, helado) y la sal son los tres ingredientes base de cualquier comida rápida. Este resulta una combinación que provoca deshidratación y subidas de insulina que te generan ganas de comer nuevamente, aún después de haber terminado ya tu hamburguesa.

3- Comida china

El glucamato monosódico o E-621 (MSG) es una sustancia química añadida a la comida china para mejorar su sabor, pero puede causar un efecto yoyo en tus niveles de hambre. Según los investigadores de la Universidad de Sussex, Reino Unido, encontraron que las personas que comieron alimentos con este saborizante químico tenían un incremento importante de apetito una hora más tarde de haber comido.

Según otro estudio español, realizado por Jesús Fernández-Tresguerres, director del departamento de Fisiología de la Facultad de Medicina de la Universidad Complutense en Madrid, indica que aumenta la voracidad en un 40%.

4- Chicles

Mascar chicle tiene un efecto que los científicos han descrito como "un engaño al estómago". Al masticarlo, generamos saliva que termina en nuestro estómago, el cual reacciona pensando que hay comida para digerir y, por tanto, activando la sensación de apetito.

5- Edulcorantes artificiales

Los endulzantes artificiales pueden engañar nuestro cerebro que codifica que estamos consumiendo azúcar cuando, en realidad, no es así. Esto provoca que un desajuste neuronal que podría estar relacionado con la sensación de hambre.

Los alimentos light por ende pueden provocarnos hambre, según indica un estudio, los edulcorantes pueden afectar la función del páncreas, y esto llevar a un descenso de glucosa, generando la respuesta normal del cuerpo traducido en hambre. Aunque faltan más investigaciones, lo más recomendado es que controlemos el consumo de productos dietéticos con edulcorantes y usemos los productos regulares en menor cantidad.

6- Jarabe de maíz de alta fructosa

El jarabe de maíz de alta fructosa se encuentra en la mayoría de los alimentos procesados que usualmente consumimos como galletas, cereales, jugos comerciales, gaseosas, yogures enteros, comidas prehechas, snacks, mermeladas, kepchup, postres de bebe, alfajores, hamburguesas, salchichas, aguas saborizadas y muchos productos más.

Este ingrediente afecta el metabolismo y por ende afecta nuestro apetito, dando sensaciones de antojos difíciles de controlar. El jarabe de maíz de alta fructosa reduce la secreción de la hormona leptina en el organismo, encargada de activar la sensación de saciedad y avisarnos que es hora de parar de comer. Verifica en las etiquetas nutricionales de los alimentos la existencia de este ingrediente y trata de descartarlo de la dieta diaria.

7- Sal

Actualmente se discuten aún su efecto adictivo. Este condimento es el más popular a la hora de sazonar y también nos abre el apetito. Es importante usarla con moderación para evitar problemas de salud como la hipertensión y la retención de líquidos entre otros padecimientos relacionados.

8- Mostaza

Nos da un rico sabor pero también estimula la producción de saliva y ácidos gástricos lo que genera que se dispare el hambre!

Dato adicional: Los medicamentos y el hambre
Tomar medicamentos puede cambiar tu apetito.

Algunos medicamentos de uso regular afectan nuestra sensación de hambre. Este efecto secundario es raramente mencionado, cuando los médicos entregan recetas, tal vez porque no es peligroso para la vida y por lo general desaparece cuando se deja de tomar el medicamento.

Algunos ejemplos son ciertos antidepresivos (elevadores del estado de ánimo), antihistamínicos (pastillas para las alergias), diuréticos (medicamentos que hacen orinar con más frecuencia), esteroides (medicamentos que combaten la inflamación) y tranquilizantes (calmar las drogas).


También existen los reductores del apetito como algunos antibióticos, medicamentos contra el cáncer, medicamentos anticonvulsivos, medicamentos para bajar la presión arterial y bajar el colesterol.




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